Maestra Silvana Fabars Guilall, la danza cubana lleva tu nombre


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Foto: Revista Toda la Danza

 

En la tarde de ayer falleció en La Habana, a la edad de 81 años la Primera Bailarina, Maestra y Premio Nacional de Danza 2014, Silvina Fabars Guilall.

Su exitosa carrera artística estuvo muy cercana al Conjunto Folklórico Nacional de Cuba (CFNC), institución a la que llegó el diez de febrero de 1966, como parte de una generación de incipientes artistas que marcó un momento de giro en la concepción, el entendimiento y la mirada hacia las expresiones de la cultura popular y tradicional cubana.

Aunque comenzó como cantante, la danza fue la manifestación que la lanzó al estrellato, sobresaliendo sus interpretaciones de las deidades femeninas del Panteón Yorubá en especial Oyá, Oshún y Yemayá.

La impronta de quien fuera también maestra de generaciones y dirigente sindical, perdurará en las generaciones de artistas que formó.

El 22 de febrero de 2014, luego de una tarde de diálogo, tan larga y hermosa como fue nuestra amistad, publiqué la siguiente entrevista que en estos momentos aporta mucho a quienes quieran saber quién fue la impetuosa mujer que nunca se doblegó ante las adversidades.

Silvina Fabars, una diosa de ébano (Entrevista)

Silvina Fabars es una de esas personas que por donde pasa deja un rastro de amor, amistad, perseverancia, alegría y disciplina, elementos que caracterizan su personalidad y que todo aquel que la conoce no puede más que reverenciar.

Nacida en Palmarejo, tierra del guantanamero poblado Realengo 18, conoció de la miseria, las carencias, la pobreza y el trabajo duro para subsistir; desde muy niña tuvo que trabajar el campo, vender comida, cargar latas de agua y muchas otras labores que le permitieron forjarse un carácter férreo que le ayudara a abrirse camino.

"Los trabajos que pasé en mi niñez me enseñaron a que todo se puede siempre y cuando se hagan labores honestas y correctas, porque no creo que hayan trabajos buenos o malos, todos son trabajos y por tanto hay que hacerlos con dignidad”, sentenció.

En el año 1966 se presenta a una convocatoria del CFNC, iniciándose como cantante luego de aprobar rigurosos exámenes de ritmos afrocubanos al que se presentaron más de trescientas personas y donde solo 16 fueron aceptadas.

La pérdida de sus cuerdas vocales producto de un accidente, cambiaron el rumbo de una vida que al parecer sería para el canto, dándole un vuelco inesperado y haciéndola recurrir a la danza.

Bendita Danza

Después del accidente y desde el propio hospital donde permaneció por largo tiempo debatiéndose entre la vida y la muerte, amigos del CFNC la fueron entrenando para la danza: Fernando Oviedo, Gregorio Hernández (El Goyo), Nieves Fresneda y muchos otros.

A iniciativa de “El Goyo” llegó un tocadiscos a la sala del centro de salud y allí comenzó a tomar sus primeras lecciones de las danzas fundamentales de la agrupación, perseverancia que la ayudó a brillar en los escenarios.

¿Cómo fue la primera vez que subiste a un escenario a bailar?

Gracias a Santiago Alfonso, quien me tomó de la mano con exigencias que a mi parecer eran abusivas, pero que después pude agradecer porque logré quitarme el miedo escénico.

La primera vez que bailé fue en el teatro de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), donde estrené Oshosi y el Venado, espectáculo en el que bailé el Congo, danza que exigió mucho esfuerzo físico de mí.

Después vino María Antonia y los directores vieron en mí cualidades para la actuación por lo que canté, bailé y actué; gracias a algunas habilidades que traía del Folklórico de Santiago de Cuba, agrupación de la que fui fundadora.

En esa obra interpreté al Caballo de Oshún, junto a Hilda Oates, excelente figura de las tablas, lo que me obligó a dar lo mejor de mí para llegar a lo más cercano posible de su altura profesional, y lo logré gracias a las enseñanzas de grandes como Bertha Martínez.

En 1968 comenzaron a probarme para hacer solos, lo que siempre me asustó porque no me sentía en plenitud de facultades, pero gracias al apoyo y la ayuda de mis compañeros, fundamentalmente los hombres (Juan García, El Goyo, Roberto Espinosa, Johannes García, Alfredo O'Farrill y Manolo Micler, son sólo algunos).

Entre mis principales motivaciones estaba la manera en que Luisa Barroso bailaba el Yorubá Iyesá, lo que me hacía pensar “... yo me tengo que sentar en ese trono, tengo que aprenderlo... ”, y gracias al empeño que puse también lo logré.

El traje de Cebra fue otro de los elementos que me dio mucho éxito en el CFNC, personaje que asumí a partir de 1969 luego de Carmen Duquesne y que logré internacionalizar de una manera nunca antes imaginada.

¿Cuál de los personajes del panteón Yoruba fue el que más disfrutaste y cuál el que menos te gustaba?

Oshún siempre ha sido una bandera para mí, sus danzas me gustan mucho, su plasticidad y su proyección, además de la afinidad que siempre he sentido con esa orisha.

Aún hago algo con ella, durante mi estancia en Venezuela lo bailé y todavía en algunas actividades se me piden sus danzas.

Otro orisha que disfruté muchísimo fue Yemayá, sus danzas y proyección escénicas me cautivaron siempre y la interpreté con el corazón, lo mismo sucedió con Oyá, un orisha que me cautivó por su fuerza, la proyección y la dificultad interpretativa.

Esa fue la divinidad que más me identificó dentro y fuera del país.

No ha habido personaje que me disguste, nunca hubo una danza que me dejara de gustar, todas las disfruto al máximo.

¿Qué fue lo que más disfrutaste del resto de las danzas que conforman el repertorio del CFNC?

Dentro del folclor cubano todo está incluido, la música popular tiene sus variedades, a mí me gustaba mucho la danza Bantú, donde siempre era Wanakene, que es el último solo del Ciclo Congo, donde compartí escena con grandes de las danzas afrocubanas.

También disfruté mucho de los bailes cubanos, el son, el danzón y muchos otros.

Más que bailarina, maestra

Muchas generaciones de bailarines cubanos y extranjeros deben sus éxitos a la labor docente de Silvina Fabars, en toda la Isla está la huella de su obra docente, que comenzó con el grupo de Santiago de Cuba y se extendió a toda la geografía nacional a solicitud del Comandante en Jefe en 1994.

Los éxitos de las agrupaciones folclóricas de Camagüey, Las Tunas y Santa Clara son el resultado de su quehacer como formadora de generaciones, siendo el de La Isla de la Juventud el más reciente.

Además todos los grupos de danza contemporánea también tienen algo de Silvina, porque su carisma la hace aglutinadora de juventud a su alrededor, hasta Varadero, Cayo Guillermo y otros polos turísticos también llegó su obra docente.

En el mundo son innombrables las compañías que tienen su impronta: Inglaterra, Japón, Alemania, España y muchas otras naciones del orbe tienen en su repertorio la huella de esta cubana.

La descendencia de Silvina también ama la danza

Un solo hijo que vale por muchos, Oddebí García Fabars, nació del amor entre Silvina y Juan García (importante figura del CFNC), por lo que es válido el proverbio “... hijo de gatos caza ratones...”, creció en los pasillos de la emblemática institución, donde se formó como bailarín y donde llegó a ser primera figura.

“Mi hijo reúne lo mejor de nosotros tres: su papá, su tío Johannes (director de la Compañía JJ) y yo, él comenzó a volar muy temprano, desde los dos años en el Carnaval Infantil de La Habana donde interpretó a Elegba.

En el CFNC le hicieron un tambor especial, que aún conserva como reliquia, en él tocaba, a su manera infantil, los ritmos que luego bailaba, a pesar de haber nacido con los pies plano, defecto que superó gracias a mi tenacidad haciéndole el arco con mis manos”.

Además de bailarina, dirigente sindical

Si bien hace cuarenta y nueve años que forma parte del CFNC, cuarenta y seis de ellos los ha compartido con la labor de dirigente sindical en la institución y a nivel provincial en el Buró de las Artes Escénica ya extinto.

“Esa es una labor que me gusta mucho porque es la atención a los trabajadores, algo que tiene gran importancia en mi vida.

Siempre he tratado de hacerlo con mucha pasión.

Logramos sindicalizar, en aquellos años, el 98,3% de los trabajadores del sector, alcanzando el reconocimiento de artistas y directivos algo que realmente fue un éxito”.

Otra historia larga en los años de trabajo de esta mujer es la de las condecoraciones y reconocimientos. La Medalla Alejo Carpentier, La Orden por la Cultura Cubana, el Sello Laureado del Sindicato de la Cultura, el Premio Nacional de Danza y la Condición de Vanguardia Nacional, reverencian su historia.

Sobre todo es una mujer cubana

Grande en el escenario encarnando a las deidades del panteón Yorubá, Silvina Fabars es sobre todas las cosas una mujer, que exige el orden en su hogar como premisa.

"Mi hobby es cocinar rico, sobre todo la comida que le gusta a mi hijo, soy una mujer de casa y disfruto mucho en mi modesto hogar y, sobre todas las cosas, no me gusta molestar a mi Revolución para resolver problemas personales.

Mi mayor virtud es la sinceridad y la disciplina, mi principal defecto es mi carácter impetuoso y justiciero, pero sobre todo no permito que se me impongan las cosas.

La exigencia conmigo misma es lo fundamental, sobre todo en lo referente a mi apariencia como bailarina, mantengo rigor en los ejercicios físicos para mantener la figura, porque cuando te paras delante de un bailarín para impartirle clases, tienes que parecer un bailarín y en eso la apariencia es fundamental”.

¿Qué recomienda a los jóvenes que empiezan en el mundo de la danza?

Que mantengan disciplina, respeto y exigencia individual y colectiva, eso es lo que hará que los respeten, no solo en la danza, sino en todas las expresiones de las artes, ya que siempre serán figuras públicas y por tanto tienen que ser ejemplo en la sociedad.

¿Cómo calificaría su vida artística, hasta el momento?

He tenido éxitos, no me considero una excepción, sólo que le he puesto todo el amor a la labor que desempeño.

¿Qué siente al escuchar el nombre de Zenaida Armenteros?

Ella es un punto de referencia para todo el que se considere artista, en el más amplio sentido de la palabra, es un ícono de ética técnica y profesional en el mundo del arte.

Afortunadamente conté con su ayuda mientras estuve en el Conjunto, llegando a convertirnos en grandes amigas

 

Esa era ella, la cultura cubana debe agradecer su entrega y desvelo; su compromiso y consagración serán faros que guíen el tránsito de quienes se acerquen a la danza y sepan de la responsabilidad de perpetuar sus enseñanzas.

 

 


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